EL LOBO PREFIERE BUSCAR A CAPERUCITA EN LA RED

segudidad en la red

por Carolina Medrano León

 

¿Recuerda la historia de Caperucita Roja, y la insistencia de su mamá para que llegara a casa de la abuelita por el camino correcto, evitando al lobo feroz que se encontraba en el bosque? Bueno: en esa historia el lobo no logró su cometido. Pero en nuestro mundo, los lobos se mantienen al acecho.

En 1971

empezó a conocerse lo que, posteriormente, daría inicio a las redes sociales. Para este año, se envió el primer correo electrónico. Quizás para ese entonces, el lobo aún se mantenía en los bosques tratando de conseguir víctimas. ¡Su labor era realmente difícil! Pues no transitaban cerca de sus guaridas, tantas personas como quería.

En 1994

GeoCities abrió sus puertas para alojar en sus redes sociales a todos quienes tuvieran acceso a internet. El lobo de caperucita roja ya habría fallecido, pero dejó su legado a otros, que empezaban su recorrido en manadas, desarrollando habilidades para ingresar a las redes, sin que fuesen identificados.

El año en el que, finalmente, los lobos renunciaron a los senderos peatonales y los bosques oscuros fue en el 2004, cuando su labor se facilitó con la apertura de Facebook. Esto les permitió infiltrar sus actividades con facilidad, a través de las redes sociales. La estrategia es muy simple: los datos de registro podrían ser adulterados, sin necesidad de ser verificados por otros.

Con el paso de los años, los lobos de las redes sociales empezaron a ser parte de los ‘nativos digitales’, con competencias que les permitirían captar la atención de las ‘caperucitas rojas’: aquellas niñas, niños y adolescentes que hacen parte de grupos sociales, sin filtro.  Los objetivo son perfiles sin bloqueos selectivos, para ampliar su número de “amigos”.

Las cifras que  arrojan esta población son alarmantes. Según un estudio realizado en Reino Unido, por el ente regulador de las Comunicaciones de este país, se estableció que: hay niños usuarios, menores de 12 años, que logran crear un perfil, aun cuando las redes sociales solo aceptan a personas mayores de 13 años durante el registro. Además, 1 de 4 menores entre 8 y 12, tiene  cuentas abiertas en redes sociales, como Facebook o MySpace.

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Debido a la falta de supervisión de un adulto responsable, solo el 4% tiene  perfiles completamente privados. Así es como la población infantil, con acceso a internet y con perfil en redes sociales, se convierte en el grupo más susceptible para entrar en las bases de datos de posibles víctimas, para los lobos cibernéticos.

En el cuento de caperucita rojo, la mamá desconocía, totalmente, la ubicación espacial de su hija, pues, es obvio que en la época en que fue relatada aún no existían aparatos tecnológicos que permitieran la ubicación y/o  la comunicación inmediata.

Para nuestra época existen herramientas GPS que nos ubican en un mapa. Sin embargo, algunos padres de familia desconocen dónde están sus hijos, o peor aún, en qué páginas  están navegando y quiénes son sus amigos virtuales.

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Según el estudio realizado en el Reino Unido, “el 17% de los padres no tiene conocimiento de lo que hacen sus hijos (8 y 12 años), en Facebook o MySpace. De los que sí lo saben, el 10% no controla qué hacen sus hijos en dichas redes.

Ahora bien, según el periódico on-line Animal Político de México:

  • “Uno de cada tres adolescentes, entre 12 y 18 años de edad, que navegan en internet, asegura haber publicado fotos suyas en “poses provocativas”

  • Los menores de edad que dicen exponer imágenes “provocativas” sería de 3.6 millones, el 36%.

  • El 45% de niños, niñas y adolescentes, tiene la computadora en su habitación y el 30% publica datos personales, como: dirección, teléfono, nombre de la escuela y fotos familiares; asíi mismo, el 43% no considera peligroso ir a una cita con una persona que conoció en Internet.” (Citado en Panda Security, 2012)

Todo lo anterior es alarmante; así como Caperucita Roja en su cuento, no vio inconveniente en ir por el camino señalado por el Lobo, los niños, niñas y adolescente sin el acompañamiento de un adulto responsable, no reconoce los peligros existentes en las redes sociales, cuando no hay control en la información que se comparte.

El Ministerio de Tecnología de la Información y Comunicación ha identificado algunos de los riesgos más comunes del uso de la internet entre estos se encuentran los siguientes ciberdelitos: la pornografía infantil, el ciberacoso o matoneo en la red, el fraude electrónico o phising; grooming, el delito en el que adultos fingen ser niños para acosar a otros, y el sexting que consiste en el envío de fotografías y/o videos de tipo sexual.

Las estadísticas de los menores de edad en las redes sin acompañamiento, deben prender alarma para todos los padres de familia que admiten el ingreso sin supervisión a redes sociales, como Facebook, myspace e incluso youtube, u otros espacios virtuales que promueven la interacción e intercambio de información, y/o contenidos con otros.

Caperucita se salvó de morir en manos del Lobo gracias a la ayuda del leñador. A muchos niños, niñas y adolescentes e incluso adultos les ha ocurrido lo mismo, pues han sido víctimas o posibles víctimas de ciberdelitos, pero con la ayuda de programas como los siguientes, han prevenido a otros y  denunciado a entidades competentes:

  • “En TIC Confío: estrategia de MINTIC, que pretende que la comunidad haga uso de los contenidos informativos de manera productiva, creativa, segura, respetuosa y responsable.
  • Te Protejo, organización que brinda apoyo y recibe denuncias en casos relacionados con pornografía infantil, y acoso sexual a través de internet.
  • Y el Centro Cibernético Policial centro de acción inmediata de la Policía Nacional, que ofrece asesoría y recibe denuncias relacionadas con delitos informáticos, como pornografía infantil, pedofilia, acoso, estafas, phishing y chantajes.” (En TIC Confio. Consultado en: agosto del 2016).

A pesar de que el cuento no relata qué hizo la mamá de Caperucita durante o posterior a la tragedia, la historia actual y real de nuestras vidas nos obliga a estar atentos a los espacios y amigos virtuales de nuestros hijos. Brindarles la suficiente confianza para que nos permitan ser parte de ese espacio que comparte con otros, virtualmente.

Como padres debemos reconocer que cada quien tiene un espacio de intimidad, y este no debe ser violado; sin embargo, tenemos la obligación de proteger los derechos de los menores de edad; por lo tanto, en caso de  sospecha de que pueda ser víctima de algún ciberdelito, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, determinó que los padres pueden revisar las cuentas de correos electrónicos y redes sociales de sus hijos menores de edad, sin su autorización.

Esta última acción, debería ser la última alternativa. Primordialmente, el diálogo y la confianza entre padres e hijos se debe consolidar. Debe establecerse unas normas previamente y estas deben ser concertadas en familia, de tal manera que grandes y pequeños hagan un buen y responsable uso de los contenidos y herramientas tecnológicas. Tanto así que, el principio que se usa, habitualmente, al seleccionar las visitas que entran a casa, pueda aplicarse a la hora de aceptar a los “amigos” virtuales que quieren ingresar a la red social en la que se encuentre. O, así como en el vecindario no se avisa a grito, en dónde se está y qué hará, porque esta información hace parte de nuestra privacidad y seguridad, no lo divulgamos en redes sociales.

Finalmente, los niños, niñas y adolescentes deben considerar que no todos pueden hacer parte de su red social, y por ello tienen la obligación de seleccionar, apropiadamente, los “amigos” usando filtros como las siguientes preguntas: ¿lo conozco personalmente?, ¿qué me puede aportar positivamente? ¿Qué contenidos podemos compartir e intercambiar? ¿Cuál es el interés de esa persona de ser parte de mi red social? Estos filtros deben ser claramente conocidos y aplicados por todos los integrantes de la familia; no solo deberán aplicarse a los adultos, sino también a los menores de edad, pues el adulto en el deber ser, es quien da el buen ejemplo.

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