ENGAÑOS EN LAS REDES SOCIALES

los sospechosos de siempre

invitado_SANTIAGO pontiroli

Una herramienta indispensable de comunicación para algunos, una adicción o pérdida de tiempo para otros. Las redes sociales cada vez son más numerosas, con las principales como Facebook o Twitter incorporando usuarios en cantidades sorprendentes día a día. Con la premisa básica de compartir información sobre nuestra vida personal, es interesante encontrar el equilibrio entre lo que consiste utilizar una red social en forma responsable, sin perder de vista que compartir demasiado puede en última instancia ser usado en nuestra contra.

Según una encuesta realizada reciententemente por Kaspersky Lab, se observó que casi un tercio de los usuarios de redes sociales comparte sus mensajes, reservas y otro tipo de información personal con todos los que están en línea, no sólo sus amigos. Además, un 12% agrega a personas que no conoce, y un 31% lo hace si tiene amigos en común aunque no conozca al usuario. Otro asunto que atenta contra la seguridad es que una cuarta parte (26%) de los encuestados no dudaría en hacer clic en un enlace enviado por un amigo sin preguntar lo que es ni considerar la posibilidad de que la cuenta del remitente haya sido hackeada.

Los ataques de phishing siguen siendo uno de los principales problemas que persisten en las redes sociales, utilizando en algunos casos cuentas previamente robadas o perfiles falsos para hacer más creíble este tipo de estafa. Con el objetivo de robar nuestras credenciales de acceso, o engañarnos para instalar algún programa malicioso y así controlar nuestro computador, el usuario promedio de una red social no pensaría dos veces acceder a un enlace que le ha sido enviado por un amigo. Sin embargo, comprobar la identidad de la persona al otro lado de la pantalla es algo que generalmente no se hace, dándole la oportunidad a los cibercriminales de aprovechar cada cuenta obtenida como un peldaño hacia su próxima víctima.

Ahora, si en el mundo de los adultos donde ya existe cierta paranoia respecto a los peligros relacionados con el uso de las nuevas tecnologías se sigue siendo víctima de este tipo de ataques, ¿qué sucede con los menores? Accediendo cada vez más jóvenes a este tipo de redes, la cantidad de peligros que enfrentan es aún mayor, y su capacidad para enfrentarlos aún no se encuentra completamente desarrollada. La necesidad de programas de control parental se hace evidente en este tipo de situaciones, en donde el menor necesita un filtro para resguardarse de estos peligros latentes. Vale la pena aclarar, que sin un adulto supervisando y guiando al menor en sus primeros pasos en Internet, una solución de este tipo será excelente desde un punto de vista tecnológico pero aún necesitará de la parte humana que solo un tutor puede ofrecer.

Entre las recomendaciones básicas para tener una experiencia sin sobresaltos con las redes sociales hay que comenzar desde la seguridad de la cuenta en sí, llegando hasta la privacidad del contenido que publicamos. La utilización de una forma de autenticación de dos vías (mensaje SMS o Google Authenticator por ejemplo) permitirá proteger nuestra cuenta aún si nuestra contraseña ha sido comprometida por un cibercriminal. Configurando adecuadamente las opciones de privacidad nos permitirá que el contenido publicado sea visto solamente por aquellas personas que se encuentran en nuestra lista de amigos. Evitar agregar desconocidos, y cuidarnos de esos mensajes sospechosos con enlaces cortos será una forma simple pero efectiva de reducir la cantidad de ataques que podemos sufrir en este tipo de redes.

En una realidad en donde la privacidad se ha convertido en un privilegio parece paradójico que el usuario mismo sea el que le da al mundo una ventana indiscreta a su vida privada. De todas formas, las redes sociales han llegado para quedarse, y aunque veamos distintas transformaciones a medida que pasan los años, esa necesidad básica de las personas de pertenecer a una comunidad seguirá vigente. Sea Facebook, Twitter, o su red de tejido a crochet favorita, vale la pena entender cómo configurar nuestra cuenta de forma apropiada y saber que todo lo que se comparte en línea debe inevitablemente considerarse como de dominio público. Si usted desea que algo se mantenga en la esfera de lo privado, no lo diga, no lo comparta, y por favor… no lo difunda en un tuit.

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